Internet nos ha ofrecido muchas cosas buenas, como el acceso rápido a la información, la conexión con otros usuarios de cualquier parte del mundo y la oportunidad de participar en comunidades digitales, pero también hay cosas que no van del todo bien en el mundo digital.
Así como nadie puede vivir todo el tiempo de cara al público, no deberíamos «habitar» Internet todo el día o usarlo para todo.
La educación y la salud mental de los menores hoy en día dependen más que nunca de la ejemplaridad de los modelos que observen en su entorno educativo y familiar, porque eso es lo que van a imitar.
Como los adultos son los primeros modelos en los que se reflejan los menores, lo habitual es que estos imiten el comportamiento, a veces compulsivo, que muestran algunos adultos hacia el Internet de las pantallas.
Por eso debemos replantearnos nuestra responsabilidad como ejemplos a seguir. ¿Y si pensáramos la casa, la familia y la escuela de otra manera? Algunos de los posibles cambios serían: