El valor de respetar a los otros, sus opiniones, sus derechos y sus identidades es el mismo en el mundo analógico y en el digital.  Esto es debido a la sencilla razón de que el sujeto de ese valor somos también nosotros mismos. 

No dejamos de ser nosotros por el hecho de conectarnos a Internet o usar servicios digitales. 

Cuidar y respetar a los usuarios digitales debe ser un valor que sirva de punto de referencia en nuestra identidad, comportamientos y relaciones.   

En este sentido, los valores que aplicamos a la vida digital no deberían ser distintos de los que ponemos en práctica en la vida analógica.