Un aspecto preocupante de la economía de las microtransacciones es su relación directa con los juegos de azar y las adicciones que estos provocan.

Todo empieza con un diseño «inocente» para captar la atención del potencial usuario jugador o apostador. Las recompensas psicológicas que el juego ofrece se vinculan a la capacidad de seguir jugando y apostando. Esto sucede por medio de pequeños pagos que, por separado, no parecen importantes, pero que acaban suponiendo grandes cantidades de dinero o problemas de comportamientos adictivos.

Los deportes profesionales cada vez están más vinculados a estos sistemas de microtransacciones, y sus mundos digitales se construyen sobre las apuestas acerca de lo que podría pasar tanto en la liga analógica como en la digital.

Los resultados de cada partida y las estadísticas de los jugadores no importan solamente al fanático que quiere ver a su equipo ganar, sino también a los usuarios y apostadores que tienen su atención -y también, a veces, su dinero- en el desempeño de un jugador o equipo.

Las microtransacciones implican dos peligros fundamentales:

  1. Un uso no supervisado puede provocar agujeros en la economía familiar.
  2. Las microtransacciones se basan en la explotación de los rasgos adictivos de nuestra personalidad, por lo que, en muchos casos, provocan la adicción de los usuarios.