Mientras que la vulnerabilidad interna es el corazón del círculo de la confianza, el exceso de exposición a niveles altos de vulnerabilidad externa, como ocurre por su propia arquitectura en el mundo digital actual, supone un riesgo añadido para cualquier organización.
Convertir a los grupos de P en «aliados de la confianza» mediante rituales internos de la vulnerabilidad (restaurar, rehabilitar y reconfigurar) cierra el círculo de la confianza y dificulta la aparición de líneas de quiebre en las relaciones que la hacen posible.
La extensión decidida del ámbito de actuación de una organización más allá de grupos específicos, así como la interlocución con los «ciudadanos» (mediante la actuación de comportamientos, mensajes y rituales de confianza) supone no solo una actividad necesaria sino una ventaja competitiva en el control y armonización del entorno de instituciones y organizaciones.
Cuando un ciudadano o cliente entrega su confianza a una organización, lo que le están entregando a la vez es su vulnerabilidad y una declaración de esa vulnerabilidad.
La vulnerabilidad y su declaración son diferentes, pero van juntas, y requieren tanto de una práctica inequívoca como un discurso público claro, coherente y consecuente.
Una parte fundamental de la construcción de confianza es la gestión de esa vulnerabilidad.
La gestión de la vulnerabilidad digital es la clave del arco social para la construcción de una condición digital por y para los seres humanos.