La ética nos permite reflexionar sobre lo que consideramos comportamientos correctos o incorrectos (buenos o malos) y los principios en los que se fundamentan estas costumbres, creencias, normas y valores.
La condición digital invita a establecer una ética de los límites entre la actividad humana analógica y digital que nos ayuden a comprender y practicar qué partes de la vida humana se conforman a la primera o son adaptables a la segunda.
Esta ética de los límites digitales tiene dos instrumentos privilegiados para su implementación: el diseño y el diálogo.
Entre uno y otro podemos edificar una condición digital más humana, ajustada a nuestros objetivos y propósitos y, sobre todo, sujeta a nuestra autoconciencia y nuestras relaciones humanas.
Una condición digital que sirva a todos los miembros de la familia debe ser flexible, es decir, para todas las edades y para cualquier actividad o profesión que practique, así como su respectivo arreglo (en casa, en oficina, híbrido, etc.).