Un aspecto preocupante de la economía de las microtransacciones es su relación directa con los juegos de azar y las adicciones que estos provocan.
Todo empieza con un diseño «inocente» para captar la atención del potencial usuario jugador o apostador. Las recompensas psicológicas que el juego ofrece se vinculan a la capacidad de seguir jugando y apostando. Esto sucede por medio de pequeños pagos que, por separado, no parecen importantes, pero que acaban suponiendo grandes cantidades de dinero o problemas de comportamientos adictivos.
Los deportes profesionales cada vez están más vinculados a estos sistemas de microtransacciones, y sus mundos digitales se construyen sobre las apuestas acerca de lo que podría pasar tanto en la liga analógica como en la digital.
Los resultados de cada partida y las estadísticas de los jugadores no importan solamente al fanático que quiere ver a su equipo ganar, sino también a los usuarios y apostadores que tienen su atención -y también, a veces, su dinero- en el desempeño de un jugador o equipo.
Las microtransacciones implican dos peligros fundamentales: