Internet nos ha ofrecido muchas cosas buenas, como el acceso rápido a la información, la conexión con otros usuarios de cualquier parte del mundo y la oportunidad de participar en comunidades digitales, pero también hay cosas que no van del todo bien en el mundo digital.

Así como nadie puede vivir todo el tiempo de cara al público, no deberíamos «habitar» Internet todo el día o usarlo para todo.

La educación y la salud mental de los menores hoy en día dependen más que nunca de la ejemplaridad de los modelos que observen en su entorno educativo y familiar, porque eso es lo que van a imitar.

Como los adultos son los primeros modelos en los que se reflejan los menores, lo habitual es que estos imiten el comportamiento, a veces compulsivo, que muestran algunos adultos hacia el Internet de las pantallas.

Por eso debemos replantearnos nuestra responsabilidad como ejemplos a seguir. ¿Y si pensáramos la casa, la familia y la escuela de otra manera? Algunos de los posibles cambios serían:

  • Diseñar un «toque de queda» digital ajustado al ritmo de la familia.
  • Establecer un «área exclusivamente familiar» en la que las actividades no se realizarían con pantallas.
  • Reservar un momento del día para la lectura en papel, compartida o individual, que invite a desconectar de lo digital y a reconectar con uno mismo y con los demás.
  • Fomentar la visualización conjunta de películas y series.
  • Establecer una edad mínima para tener teléfono móvil y cuentas en redes sociales.