Para entender las tecnologías digitales primero hay que comprender qué propósitos queremos que cumplan, ya sea como usuarios, ciudadanos o para nuestras familias.

Para determinar los propósitos que queremos que cumplan las tecnologías, tenemos que usar otro tipo de herramientas, en concreto, la ética y los valores.

Los valores son el punto de partida para regular la coordinación entre nuestra vida analógica y digital.

Los valores también constituyen puntos de referencia para nuestros comportamientos y preferencias personales, mismos que deberían fundamentarse en el respeto.

En el ámbito de una condición digital ajustada a los límites familiares y escolares que nosotros mismos dibujemos, estos valores que parten del respeto nos sirven para proyectar lo que hacemos y lo que somos a través de diferentes sistemas, aplicaciones, tecnologías y contextos.

El respeto es fundamental para construir una condición digital armonizada y ajustable a los diferentes contextos grupales en los que vivimos, especialmente, la familia, la escuela y las relaciones que establecemos por medio de tecnologías digitales.