Todo lo que se aplica al mundo analógico se aplica al digital. Mientras que Internet lo hace todo público, en el caso de la sexualidad hay experiencias que, por su propia naturaleza, solo se pueden desarrollar de manera saludable cuando se respeta los principios de privacidad, intimidad, seguridad y respeto entre todos los participantes.
Además, ciertas culturas y religiones tienen otras normas respecto a la sexualidad, y estas normas deben conversarse en la familia o la escuela, sobre todo en lo que respecta a la sexualidad y la pornografía digitales.