Ante la confusión de las diferentes visiones del mundo, las personas buscamos refugio en aquello que confirma (sesgo) lo que nos hace sentir bien o seguras, y esto limita cada vez más la capacidad de cambiar de opinión y evaluar las opiniones propias, así como la habilidad de tener conversaciones civilizadas con personas que piensan de forma diferente.

Esto puede conducir a la polarización social y política, caracterizada por el odio y la división entre bandos o grupos que se definen por oposición a lo que les gusta a los «otros».

Toda sociedad funciona, en parte, porque sus miembros comparten algunas ideas, algunos procedimientos acerca de cómo acceder a la verdad, unos criterios para distinguir la verdad de la mentira, unos procesos para hacer historia y para determinar qué tiene valor científico y, sobre todo, unos valores acerca del uso y la importancia de la verdad y la mentira.

Si bien es importante que en toda sociedad haya opiniones diferentes, cuando las diferencias son la característica fundamental de un grupo, se puede producir la pérdida de la confianza, que es el hilo con el que articulamos los procesos sociales.