3.1. Responsabilidad digital
3.1.1. La otra cara de Internet
Internet nos ha ofrecido muchas cosas buenas, como el acceso rápido a la información, la conexión con otros usuarios de cualquier parte del mundo y la oportunidad de participar en comunidades digitales, pero también hay cosas que no van del todo bien en el mundo digital.
Así como nadie puede vivir todo el tiempo de cara al público, no deberíamos «habitar» Internet todo el día o usarlo para todo.
La educación y la salud mental de los menores hoy en día dependen más que nunca de la ejemplaridad de los modelos que observen en su entorno educativo y familiar, porque eso es lo que van a imitar.
Como los adultos son los primeros modelos en los que se reflejan los menores, lo habitual es que estos imiten el comportamiento, a veces compulsivo, que muestran algunos adultos hacia el Internet de las pantallas.
Por eso debemos replantearnos nuestra responsabilidad como ejemplos a seguir. ¿Y si pensáramos la casa, la familia y la escuela de otra manera? Algunos de los posibles cambios serían:
- Diseñar un «toque de queda» digital ajustado al ritmo de la familia.
- Establecer un «área exclusivamente familiar» en la que las actividades no se realizarían con pantallas.
- Reservar un momento del día para la lectura en papel, compartida o individual, que invite a desconectar de lo digital y a reconectar con uno mismo y con los demás.
- Fomentar la visualización conjunta de películas y series.
- Establecer una edad mínima para tener teléfono móvil y cuentas en redes sociales.
3.1.2 El interés compuesto de nuestro comportamiento digital
Al conectarse a Internet, una persona firma créditos con las plataformas en las que interactúa. A cambio de conexiones, seguimientos a los amigos y colegas, información y contenido, esa persona paga con su atención, datos y dinero. Dichos pagos son continuos y solo se detienen cuando la persona se desconecta. Pero lo más importante es que el crédito funciona como un préstamo de interés compuesto, y al capital de atención, datos y dinero iniciales se le añaden de forma acelerada y continua nuevos intereses que hacen muy difícil dejar de entregar nuestra atención, datos y dinero.
Al perder nuestro control sobre estos tres elementos es cuando empiezan a producirse comportamientos indeseados, ya sean inmorales, ilegales o que afecten a la salud física o psíquica de los usuarios. Cuando los usuarios son niños, niñas o adolescentes, el daño es mayor porque ni sus mentes, ni sus cuerpos ni su capacidad de relacionarse socialmente están formados todavía.
3.1.3. La fama de Internet
Internet te posiciona frente a una multitud constantemente, y esto conlleva algunos peligros.
3.1.4. Lo que hacemos y lo que somos en Internet
3.1.5. La velocidad de la información digital
Internet da más importancia a que la información circule rápido y por todas partes que a que sea válida, comprobada o vaya al ritmo de nuestros cerebros.
Existen varios peligros que conlleva la velocidad en que se procesa la información digital:
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- El primer problema es la velocidad a la que circula, que es mayor de la que los seres humanos podemos usar para procesarla y vetarla.
- El segundo problema es que la infancia y la adolescencia no han desarrollado todavía sus criterios de confiabilidad y, por tanto, no pueden aplicarlos a sus vidas digitales: simplemente, no los tienen.
- Por último, el tercer problema consiste en que, si todo es información con el mismo valor, entonces nada es información. Es decir, si toda la información es igual de válida, sin valorar su calidad y veracidad, entonces no sabemos lo que es importante o cierto.
Por ejemplo, en el caso de las herramientas de inteligencia artificial sirven para acelerar la producción y difusión de información y contenidos, pero, como sucede con todas las tecnologías digitales, siempre hay seres humanos responsables de su diseño y seres humanos responsables de cómo las utilizan.
3.1.6. Conversaciones y reflexiones
En principio, todo lo que sea ilegal o inmoral en el mundo analógico lo es también en el digital y, a menudo, los comportamientos abusivos son consecuencia de la falta de regulación y control digital sobre los jóvenes. Por estos motivos es preciso:
Conclusiones
La salud mental y los comportamientos digitales de las infancia y la adolescencia dependen en gran medida de la ejemplaridad de los modelos que encuentren en su entorno educativo y familiar.
Todo lo que hacemos en Internet deja rastros de datos, y practicar nuestros valores sobre nuestros comportamientos es fundamental para desarrollar vidas legales, éticas y seguras, tanto en el mundo analógico como en el digital.

